Cuarto día

Se comienza con un apacible paseo por Avenida da Liberdade y sus tiendas. Tras un almuerzo en Os Tibetanos o en Cinemateca Portuguesa, se va a las verdes lomas del Parque Eduardo VII, con panorámicas vistas de la ciudad. Tras un corto trayecto en metro se llega al Museu Calouste Gulbenkian, con obras maestras de Rembrandt y delicadas joyas de estilo art nouveau de René Lalique, entre otras piezas.

Otro trayecto en metro lleva al Parque das Nações, despliegue de innovación arquitectónica de la Expo’98. Un paseo junto al río permite recorrer frondosos jardines de inspiración colonial hasta el Ponte Vasco da Gama, el puente atirantado más largo de Europa, se termina la tarde viendo nutrias marinas, tiburones y coloridos bancos de peces en el Oceanário.

Finalmente, se cena y se goza de las vistas sobre el Tajo a través de las paredes de cristal de River Lounge, o se regresa al centro a comer en el alabado Assinatura, que sirve cocina portuguesa contemporánea. El día acaba con un cóctel en las alturas, en el bar de moda de Tivoli, el Sky Bar.

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