Ecuador, fuera de ruta: el oriente

Parque Nacional Yasuní, Ecuador
Sebastián Crespo Photography_Getty Images

Un viaje hacia el Amazonas

Al este de los Andes se extiende la región más salvaje de Ecuador, una tierra enorme y espectacular donde los ríos se precipitan desde las cumbres nevadas de los Andes hacia la densa y sofocante selva en su viaje hasta el lejano océano Atlántico, cruzándose por el camino con las tribus indígenas que viven en la región. El viaje al Oriente, hacia el Amazonas,  es una opción para los viajeros más aventureros y para los que no quieren perderse uno de los últimos lugares más inalterados del planeta.

Francisco de Orellana, el descubridor del río Amazonas, partió de estas regiones orientales del actual Ecuador para adentrarse por la selva, sin saber que se encontraba ante la mayor cuenca fluvial del mundo. Hoy, cinco siglos más tarde, las cosas no han cambiado demasiado en esta jungla en la que el mundo moderno no parece haber penetrado todavía pero en el que se libra una dura batalla entre defensores del medio ambiente, pueblos indígenas, misioneros, políticos y representantes de grandes industrias (como las petroleras). Todos tienen intereses y cada uno defiende los suyos.

El Oriente ocupa más de la tercera parte del territorio ecuatoriano, pero aquí solo vive una mínima proporción de sus habitantes, entre ellas las etnias achuar, cofán, huaorani, quichua, secoya, shuar, siona y zaparo. Algunas se han adaptado a la vida moderna, o lo intentan, pero otras luchan por mantener su forma de vida tradicional.

Esta inmensa región guarda un verdadero tesoro: su impresionante biodiversidad. Más allá de los bosques nubosos, en el margen oriental de los Andes, se extiende una pruviselva donde viven el 50% de los mamíferos de Ecuador, el 5% de las especies de plantas de la Tierra y una gran cantidad de aves. Las zonas más vírgenes de la Amazonia ecuatoriana rebosan vida: las orquídeas cuelgan de los troncos cubiertos de musgo, los loros vuelan en bandadas, los monos saltan entre las ramas y los jaguares avanzan sigilosos por los senderos (de noche, los sonidos de la selva pueden resultar ensordecedores).

Recorrer esta región puede resultar inabordable para el viajero pero hay experiencias al alcance de muchos, realmente recomendables para probar una auténtica aventura amazónica. Estas son algunas:

-Conocer a los indígenas achuaren el alojamiento ecológico Kapawi, una reserva con actividades culturales y medioambientales, situada en uno de los rincones más remotos de la Amazonia ecuatoriana. El terreno fue alquilado a los achuar y se les preparó para que trabajaran como guías de su propio territorio. Todas las actividades se realizan con tecnología de bajo impacto, energía solar, gestión de residuos, reciclaje. Los visitantes son invitados a las casas y participan de la vida cotidiana y pueden disfrutar de una verdadera experiencia ecológica y cultural.

-Acercarse a la Reserva Producción Faunística Cuyabeno, una selva inundada única que alberga increíbles especies ornitológicas y acuáticas, incluido el delfín amazónico. Al ser un lugar muy apartado, solo se puede visitar la reserva en visitas con guía. Algunas agencias de Quito ofrecen excursiones organizadas a los campamentos y refugios de la zona. Los viajes se realizan principalmente en canoa y el mejor momento es en los meses más húmedos, de marzo a septiembre.

-Adentrarse en el territorio huaorani desde Coca acompañados por un guía local. Coca creció vertiginosamente con el boom del petróleo, pasando de ser un pueblo de chozas y calles de tierra junto al río, a convertirse en un tórrido y bullicioso conglomerado de cemento. Es la capital de la provincia de Orellana desde 1999, a orillas del río Napo, y es el puente de partida de los safaris y expediciones que se adentran por el Parque Nacional Yasuní. Resulta toda una experiencia pasar unos días en uno de los alojamientos de la selva a lo largo del Bajo Napo desde donde hay excelentes oportunidades para observar animales en excursiones a pie, travesías en piragua o ascensos al dosel de la selva.

-Recorrer el Parque Nacional Yasuní, una de las joyas del Oriente, Reserva de la Biosfera de la Unesco, que alberga 500 especies ornitológicas.  Es el mayor parque del Ecuador continental, con 9620 km2 de pantanos, lagos, ríos y jungla tropical. Aquí viven algunos de los animales más difíciles de ver de la jungla, como el jaguar, la arpía mayor, el puma y el tapir. Yasuní es también una de las auténticas últimas zonas sin explorar de Ecuador y aquí viven todavía algunos pueblos aislados y al margen del resto del país. 

-Darse un festín de pirañas en la laguna Pañacocha, un pintoresco lago de agua negra rodeado por bosques nubosos y secos, a un paseo en barca del río Napo. Pañacocha significa “laguna de las Pirañas” en quechua, y no es difícil pescar alguno de estos peces de afilados dientes e incluso darse un chapuzón (los peces no atacan a menos que se tenga una herida abierta). Para llegar se puede contratar el transporte en canoa donde el río Pañayacu confluye con el Napo, lugar al que se puede llegar tomando una canoa desde Nuevo Rocafuerte desde Coca. Se puede bajar en la pequeña comunidad a orillas del río Napo y dormir en una pensión. Pañacocha está a 4,5 horas de Coca o a medio camino, aproximadamente, de Nuevo Rocafuerte. 

-Descubrir a pie el interior del Parque Nacional Sumaco-Galeras, acompañados por un guíahuamaní, y seguir la tortuosa ruta que sube hasta el volcán Sumaco (3732 m de altitud). Si no se tiene fuelle para tanto, se puede hacer una pausa en Misahualí, un buen lugar para empañarse de la vida rural del Oriente.  Este lugar fue en otro tiempo un concurrido punto de partida para circuitos por la jungla, pero ahora es un pueblo aletargado y nostálgico. 

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